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Inventario

Cómo calcular el stock mínimo y máximo de cada producto (y por qué se quedan viejos)

Publicado el 7 min de lectura

Respuesta rápida

El mínimo es lo que vende de ese producto mientras espera al proveedor, más un colchón para los pedidos que se atrasan. El máximo es hasta dónde conviene llenarse sin inmovilizar dinero ni pasarse de la fecha de caducidad. Los dos salen de tres datos: cuánto se vende, cuánto tarda en llegar y cuánto puede fallar.

Los dos números que alguien tecleó una vez y nadie volvió a mirar

Casi todos los sistemas para farmacia tienen dos campos en la ficha de cada producto: stock mínimo y stock máximo. De ahí salen los avisos de «ya le queda poco» y «tiene de más». Son, en la práctica, la regla con la que su sistema opina sobre sus compras.

Y casi siempre se llenaron el mismo día: al cargar el catálogo, alguien puso una cifra razonable para cada producto y siguió adelante. Con dos mil productos, nadie vuelve. El resultado es que a los pocos meses los avisos describen una farmacia que ya no existe — la de la temporada pasada, con los proveedores de entonces.

Vale la pena saber de dónde salen esos dos números, aunque sea para comprobar si los suyos todavía tienen sentido.

El mínimo: hasta dónde puede bajar sin quedarse sin producto

El mínimo no es «lo poquito que quiero tener». Es la cantidad que necesita para aguantar desde que pide hasta que le entregan, más un margen por si el pedido se atrasa. Si baja de ahí, lo más probable es que se quede sin producto antes de que llegue la reposición.

Son tres datos y una suma.

La cuenta del mínimo
  1. Cuánto vende de ese producto por semana

    No del total de la farmacia: de ese producto. Tome sus ventas de los últimos dos o tres meses y divídalas entre las semanas. Si vende 24 cajas en doce semanas, son 2 por semana.

  2. Cuántas semanas tarda su proveedor en entregarle

    Contadas desde que usted manda el pedido hasta que la mercancía está en el anaquel, no hasta que le contestan. Si pide los lunes y le llega la semana siguiente, es una semana.

  3. Cuánto puede fallar ese plazo

    Es el colchón, y es lo que casi nadie suma. Si su proveedor a veces tarda el doble, ese «a veces» es el que lo deja sin producto. Planee con los pedidos lentos, no con el promedio.

Multiplique lo que vende por semana por las semanas de espera, y súmele el colchón. Con 2 cajas por semana, una semana de espera y un colchón de otra semana, el mínimo son 4 cajas. Cuando baje de ahí, ya debería haber pedido.

El máximo: hasta dónde puede subir sin dejar el dinero detenido

El máximo es la otra cara y se calcula igual de fácil: cuánto vende por semana, multiplicado por las semanas que quiere tener cubiertas. Si vende 2 cajas por semana y quiere un mes de respaldo, el máximo son 8.

Lo que decide ese «cuántas semanas quiere cubrir» no es una regla general, son tres cosas suyas: cada cuánto le entrega el proveedor, cuánto dinero puede dejar quieto, y cuánto le dura ese producto antes de caducar. La tercera manda sobre las otras dos. De nada sirve comprar seis meses de un producto que caduca en cuatro: ese ahorro ya está perdido, solo que todavía no se ve.

Y el máximo no es un capricho contable. Cada caja de más es dinero que no está en el producto que sí se vende, y es espacio en el anaquel. Por eso un sistema que solo avisa de lo que falta le está contando la mitad de la película.

La distancia entre los dos números también importa

Este detalle no está en ningún manual y se paga en avisos inútiles. Si el mínimo y el máximo quedan muy pegados, y su proveedor le obliga a comprar por caja de cincuenta, va a pasar lo siguiente: el producto le avisa que falta, usted compra la caja, y al instante le avisa que tiene de más. Después vende unas cuantas unidades y vuelve a faltar.

Ese producto va a estar en rojo casi siempre, y lo que ocurre entonces es peor que el error: el equipo aprende a ignorar los avisos. Un aviso que salta sin motivo entrena a la gente a no mirarlo.

La regla práctica es que la distancia entre el mínimo y el máximo tiene que ser cómodamente mayor que lo que su proveedor lo obliga a comprar de una vez. Si no lo es, suba el máximo — o negocie una presentación más chica.

Los productos que rompen la cuenta

La suma de arriba funciona para el producto que se vende todas las semanas a un ritmo parecido, que en una farmacia es buena parte del catálogo pero no todo. Hay cuatro casos donde da números sin sentido.

  • El que se vende a ratos. Si vende tres cajas al año, el promedio semanal es una fracción y el mínimo le sale en cero. Ahí la cuenta no aplica: la decisión es si lo quiere tener o no.

  • El de temporada. Su promedio anual no describe ni el mes de más venta ni el de menos. Necesita dos números distintos según la época, o uno que se mueva con ella.

  • El producto nuevo. No tiene historia que promediar. Durante las primeras semanas cualquier número es una apuesta, y conviene que sea prudente.

  • El de surtido obligatorio. Hay productos que usted quiere tener siempre aunque casi no se vendan, porque el cliente que los busca no vuelve si no los encuentra. Para esos el mínimo no se calcula: se fija a mano.

Por qué los dos números se quedan viejos en semanas

Aquí está el problema de fondo, y no es que la cuenta sea difícil: es que sus tres ingredientes cambian todo el tiempo y el número guardado no.

Lo que vende de cada producto cambia con la temporada, con el médico nuevo del barrio que receta otra marca, con la farmacia que abrió enfrente. El plazo de su proveedor cambia cuando cambia de repartidor o de ruta. Y su propio criterio cambia cuando el dinero está apretado y prefiere cubrir dos semanas en vez de cuatro.

Con veinte productos esto se mantiene a mano. Con dos mil no lo hace nadie, y conviene decirlo sin rodeos: no es un problema de disciplina, es de aritmética. Revisar dos mil fichas cada vez que cambia la temporada es un trabajo que no existe en ninguna farmacia.

Por eso la pregunta útil cuando mire un sistema no es si tiene campos de mínimo y máximo —los tiene cualquiera— sino de dónde sale ese número y quién lo mantiene al día.

Cómo lo resuelve Farmagestor

En Farmagestor esos dos campos no se teclean: se recalculan para cada producto a partir de su venta reciente, de lo que ese producto pesa en el total de la farmacia y del plazo que tarda su proveedor en entregarle. Cuando llega la temporada, el mínimo sube; cuando afloja, baja. Sin que nadie toque una ficha.

El plazo no es el que el proveedor promete, es el que de verdad cumple: se calcula del historial de sus propios pedidos, y se planea con los lentos y no con el promedio, que es lo que evita el agotado del mes malo.

Los cuatro casos que rompen la cuenta están contemplados. El producto que se vende a ratos recibe más colchón que el de venta diaria, porque ahí el riesgo no es que sobre; el nuevo se trata aparte hasta que tenga historia; y para el de surtido obligatorio existe un mínimo de exhibición: usted fija el piso y el sistema lo respeta aunque la rotación no lo justifique.

Y el valor manual sigue ahí. Si para un producto usted prefiere su propio número, lo escribe y manda sobre el calculado. La diferencia está en que ahora es una excepción que usted decidió, y no el estado por defecto de dos mil fichas que nadie volvió a mirar.

Preguntas

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan sobre inventario.

¿Qué es el stock máximo de un producto?

Es el tope de unidades que conviene tener de ese producto: lo que vende por semana multiplicado por las semanas que quiere tener cubiertas. Pasado ese tope, cada unidad de más es dinero detenido y espacio ocupado — y riesgo de que le caduque antes de venderse.

¿El stock mínimo es lo mismo que el punto de reposición?

En la práctica cumplen la misma función: avisarle de que ya es momento de pedir. La diferencia es de uso. El mínimo es un número guardado en la ficha del producto, que el sistema usa para marcarlo en rojo; el punto de reposición es el momento de disparar la orden. Si el mínimo está bien calculado, llegar a él es exactamente ese momento.

Cuándo volver a comprar un producto

¿Cada cuánto debo revisar el mínimo y el máximo de mis productos?

Si los mantiene a mano, cada vez que cambie algo que entre en la cuenta: la temporada, el plazo de un proveedor, el precio que lo obliga a comprar distinto. En una farmacia eso ocurre varias veces al año.

El problema no es la frecuencia sino el volumen: con dos mil productos, una revisión completa no se termina nunca. Por eso conviene revisar primero los que mueven el grueso de su venta, que son pocos, y dejar que el resto se mantenga por sí mismo.

¿Sirve la misma cuenta para un producto que se vende dos veces al mes?

No, y forzarla le va a dar un mínimo en cero. Para los productos de venta esporádica la pregunta no es cuánto reponer sino si quiere tenerlos en el anaquel: si la respuesta es sí, se les fija un piso a mano y se vigila la fecha de caducidad, porque son los que más riesgo tienen de caducarse.

Ver 3 preguntas más
¿Qué hago si mi proveedor me obliga a comprar por caja?

Suba el máximo hasta que la distancia entre el mínimo y el máximo sea cómodamente mayor que esa caja. Si los deja pegados, el producto va a saltar entre «falta» y «sobra» con cada compra, y los avisos dejarán de servirle. La otra salida es pedir al proveedor una presentación más chica, o repartir la caja con otra de sus farmacias si tiene más de una.

¿Puedo fijar yo el mínimo de un producto aunque el sistema calcule otro?

En Farmagestor sí, y hay dos formas. Puede escribir el valor a mano para ese producto, que manda sobre el calculado; o fijarle un mínimo de exhibición, que es un piso que el sistema respeta aunque la rotación no lo justifique. El segundo está pensado justo para el producto de surtido obligatorio que casi no se vende y que usted quiere tener siempre.

¿Para qué sirve tener un máximo si lo que me preocupa es quedarme sin producto?

Porque las dos cosas son el mismo dinero. Cada caja de más de un producto que se mueve despacio es dinero que no está en el que sí se vende, y en una farmacia la mayor parte del capital está justamente ahí. Un sistema que solo le avisa de lo que falta lo empuja a comprar de más, que es la otra forma de perder.

¿Su duda no está aquí?

Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.

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