Un software para farmacias con varias sucursales, tenga dos locales o diez
Farmagestor es un software para farmacias con varias sucursales: sus locales compran juntos en un solo pedido, una bodega guarda lo que aún no hace falta y lo reparte, los traslados viajan con lote, caducidad y costo, y desde el mostrador se ve qué hay en las otras farmacias. Cada local conserva su inventario, su caja y su precio.
Las tres formas en que un grupo de farmacias pierde dinero hoy
Tres locales que no se quitan clientes entre sí tampoco saben lo que tiene cada uno. De ahí salen tres pérdidas que ningún reporte le va a mostrar:
- Dinero detenido en la sucursal equivocada: una tiene de sobra, la otra lleva semanas sin él, y el producto que ya se pagó se acerca a su caducidad mientras en el otro local se vuelve a comprar.
- La venta que se va por la puerta: el cliente pregunta, no hay, se va, y no queda anotado en ningún lado — así que el próximo pedido se hace creyendo que ese producto se vende menos de lo que se vende.
- Comprar como farmacias chicas: cada local pide por su cuenta, en cantidades pequeñas, y paga como cliente pequeño aunque entre todos compren el volumen de uno grande.
Compras consolidadas: negociar como una cadena, no como tres farmacias chicas
Lo que sigue son las funciones que atacan esas tres pérdidas, contadas con la misma farmacia de ejemplo: don Ernesto y sus tres locales —Centro, Norte y Sur—, lo bastante lejos entre sí para no robarse clientes, que es justamente por lo que ninguno sabe lo que tienen los otros. Las cantidades son de cajas y son inventadas: sirven para explicar, no para prometer.
Un proveedor —la distribuidora o el mayorista que le surte— no le cobra igual a quien le compra 20 cajas que a quien le compra 60: casi todos tienen un escalón a partir del cual baja el precio, y un monto mínimo por pedido debajo del cual no despachan. Don Ernesto compra 60 cajas de jarabe al mes entre sus tres farmacias, pero como cada local pide por separado, el proveedor nunca ve las 60: ve tres pedidos de 20, ninguno llega al escalón, y cuando a uno le falta poco para el mínimo termina agregando productos que no necesitaba solo para que le despachen.
En Farmagestor la pantalla de compra le pone las tres farmacias una al lado de la otra —20 + 20 + 20— y sale un solo pedido de 60 cajas con el precio de 60. El mínimo del proveedor se alcanza sin rellenar, y cada farmacia sigue con su propio inventario, su propia caja y su propio precio de venta: comprar juntos no mezcla los negocios. El descuento ya estaba ganado; lo único que faltaba era que los tres pedidos salieran como uno. Y lo que cada caja dejó de costar es de cada local: para acercar el precio del mostrador al de la competencia donde hace falta, o para el margen donde no.
La bodega: donde va lo que compró barato y todavía no hace falta
Comprar 60 para pagar el precio de 60 tiene una consecuencia inmediata: ninguna de sus farmacias necesita 60 hoy. Si las cajas que sobran entran al inventario de una de ellas, dejan de distinguirse de las suyas: ese local aparece inflado, el sistema cree que está sobrado y deja de recomendarle comprar aunque lo suyo se le acabe en un mes. Los números de esa farmacia dejaron de ser ciertos, y nadie se dio cuenta.
La bodega es un local más dentro del sistema —con su inventario, sus lotes y sus fechas de caducidad— que no atiende público. No tiene que ser un edificio aparte: puede ser el cuarto de atrás de la Farmacia Centro, que es la más grande y tiene espacio. Las 60 cajas entran ahí, contadas aparte, y cada farmacia va recibiendo lo que necesita cuando lo necesita. Lo que cambia no es el espacio: es saber de quién es cada caja.
Llegó menos de lo que pidió: repartir con la información completa
Casi nunca llega todo. Don Ernesto pidió 60 y el proveedor mandó 36; la Farmacia Norte lleva tres semanas sin ese jarabe y las otras dos todavía tienen algo. Repartido a ojo, gana quien tiene las cajas en la mano: el Centro se queda con 20, al Sur le mandan 10 y al Norte le llegan 6 — justo a la única que estaba en cero. No queda anotado quién decidió ni con qué criterio, y dentro de un mes nadie va a poder explicarlo.
Con Farmagestor, al recibir en la bodega el sistema muestra las 36 cajas junto a lo que tiene cada farmacia hoy. Usted puede cambiar cualquier número antes de confirmar, y si un producto necesita frío o es controlado no se le asigna a un local que no pueda recibirlo. Es la misma decisión de siempre, tomada en un minuto, con la información completa y con nombre, para que dentro de un mes sí se pueda explicar. El reparto arranca con uno de dos criterios:
- Proporcional a lo pedido: 12 cajas para cada una.
- Cubrir primero a quien está sin inventario: 16 para el Norte, y las 20 restantes repartidas entre las otras dos.
Traslados: lo que sale de una farmacia tiene que llegar a la otra
Mover cajas de un local a otro parece lo más simple del mundo y es donde más se pierde — no porque alguien robe, sino porque el movimiento no queda escrito. Al Norte le tocan 10 cajas que están en la bodega. Salen, y en el sistema siguen en la bodega hasta que alguien se acuerde de sacarlas del sistema. En el Norte las cargan a mano, con la fecha de caducidad que alguien recuerde. Llegaron 8, no 10, y el faltante aparece en el conteo de fin de año sin saber si se perdió, se vendió o nunca salió.
Un traslado en Farmagestor tiene tres momentos: despachar, en tránsito y confirmar recibido. Las 10 salen de la bodega desde el sistema y quedan en tránsito —ya no están en un lado y todavía no entraron al otro, así que nadie las vende dos veces—. El sistema elige los lotes solo, empezando por los que caducan primero, y viajan con su número de lote, su fecha y su costo. Al llegar, el Norte confirma: marca las 2 que faltan y el motivo —faltó, llegó dañado o llegó caducado—, y esas 2 quedan pendientes hasta que alguien diga qué pasó. No se cierran solas. El mismo día, alguien sabe que faltan dos cajas y por qué.
Dejar de comprar lo que ya tiene parado en otra sucursal
Un mismo medicamento no se vende igual en todas partes. La Farmacia Sur está cerca de una clínica y un antibiótico se le acaba cada quince días; en el Norte ese mismo antibiótico sale 2 cajas al mes y hay 30 paradas desde hace dos meses — quince meses de existencia al ritmo de ahí, que van a caducar mucho antes. Nadie en el Sur lo sabe, así que ahí lo vuelven a comprar: paga cajas nuevas mientras las que ya pagó caminan hacia la caducidad.
En Farmagestor, cuando el Sur arma su pedido, al lado del antibiótico dice «Farmacia Norte: 30». El Sur le pide 20 al Norte en vez de comprarlas; el Norte ve la solicitud y decide —manda las 20, o solo 15 si prefiere quedarse con respaldo—, aprueba, y salen en el próximo recorrido entre locales. No compró 20 cajas nuevas y salvó 20 que iban a caducar. Antes de volver a comprar algo, revise si ya lo tiene parado en otra de sus farmacias.
En el mostrador: cambiar «no tengo» por una fecha
«No tengo» es la frase más cara del mostrador. Doña Marta llega al Centro por el inhalador de su hijo; ahí se acabó hace tres días, y se va a buscarlo a otra farmacia — probablemente con las otras dos cosas que traía en la lista. Y si le pasa dos o tres veces, deja de venir. Mientras tanto, a veinte minutos de ahí, la bodega tiene seis.
Con Farmagestor, en la misma pantalla de la venta aparece «Ver en otros locales», y ahí está: la bodega tiene seis. Quien atiende le da a doña Marta una fecha concreta —cada local declara en cuántos días entrega— y pide el traslado sin dejar a medias lo que está cobrando. La venta no se pierde y la clienta no se va: vuelve el día que le dijeron.
Abrir el sistema por pedazos, no de golpe
Nada de lo anterior sirve si todo tiene que pasar por el dueño, y darle acceso completo a personal que rota es lo que ningún dueño quiere hacer. El dependiente nuevo del Norte, con tres semanas en el puesto, necesita pedirle 15 cajas a la bodega: en la mayoría de los sistemas, o le dan acceso a todo —costos, caja y ventas de las tres farmacias— o no puede hacer nada. Como nadie le da eso a alguien de tres semanas, llama a don Ernesto, que va manejando, y el pedido espera hasta la noche. El dueño es el cuello de botella de su propia operación.
En Farmagestor los permisos se dan por pedazos. Don Ernesto le habilitó solo «pedir a otro local»: el dependiente pide, no ve costos, no toca la caja y no puede aprobar lo que otros le piden al Norte. Para el equipo, todos los permisos nacen apagados —nadie recibe uno sin que el dueño se lo dé—, y cuando lleve seis meses le habilitará también el despacho. Delega la tarea sin entregar el negocio.
El conjunto en una pantalla
Con tres locales y una bodega, saber cómo va el negocio no puede depender de pedirle un reporte a cada encargado. Una pantalla reúne a todas sus farmacias: las ventas de cada local, cuál va adelante y en cuál hay dinero quieto en el anaquel.
Desde ahí entra a cualquiera de ellas, mira lo que pasó en el mostrador y en la caja, y vuelve al panorama con la misma cuenta. Y como cada local conserva su inventario y su precio de venta, lo que compara son negocios que siguen siendo distintos, no una mezcla.
Nada de esto le estorba a quien tiene una sola farmacia
El momento más frágil de una farmacia que crece es el día que abre el segundo local: casi siempre toca cambiar de sistema porque el anterior no fue pensado para dos — migrar todo, volver a capacitar al equipo y pasar semanas con los números descuadrados, justo cuando el local nuevo más atención necesita. Y quien tiene uno solo no quiere pagar ni aprender funciones que no va a usar.
Doña Silvia tiene su farmacia desde hace ocho años y este mes abre la segunda. Con una farmacia nunca vio ninguna de estas pantallas: ni un botón ni un menú de más. El día que registra la segunda aparece un solo paso —«Comprar para varias farmacias a la vez»— que crea el grupo y su bodega en un par de minutos. Nada que migrar, nadie a quien volver a capacitar. Abrió el segundo local sin cambiar de sistema.
Lo que cuesta: por usuario, no por local
US$ 25 al mes con 2 usuarios incluidos, y US$ 15 mensuales por cada usuario adicional activo, sea de la farmacia que sea. Lo que se cobra son las personas que entran al sistema, no los locales: abrir otra farmacia o la bodega no le duplica la cuenta.
Una sola mensualidad, sin instalación, sin capacitación aparte y sin módulos que aparezcan después. Y para empezar, 30 días gratis, sin pagar nada y sin plazo forzoso, con sus locales de verdad y su catálogo de verdad.
La página en diez segundos
Un solo pedido al proveedor para todas sus farmacias, con el precio del volumen completo. Una bodega que guarda lo que sobra sin desordenar los números de nadie, y reparte lo que llega según quién se quedó sin producto. Traslados que viajan con lote, caducidad y costo, y una diferencia que alguien explica el mismo día. Desde el mostrador, lo que hay en los otros locales sin llamar a nadie. Permisos por pedazos, el conjunto en una pantalla, y con una sola farmacia nada de esto aparece hasta que abra la segunda.
Todo lo que su farmacia necesita, en un solo lugar
Cada función resuelve un momento concreto del día. Entre a la que le interese para ver cómo funciona por dentro.
Punto de venta
El punto de venta para farmacias de Farmagestor: venda en segundos, dé salida primero a lo que está por caducar y detecte faltantes de caja el mismo día.
Conocer másCompras inteligentes
Farmagestor le recomienda qué comprar, cuánto y cuándo según cómo se vende cada producto, arma el pedido por proveedor y usted solo revisa, ajusta y confirma.
Conocer másPredicción de demanda
Farmagestor estima cuánto venderá cada producto según su ritmo real —parejo, por temporada o a saltos— y lo convierte en cantidades justas de compra.
Conocer másPrevención de caducidades
Farmagestor le muestra cuánto dinero tiene en productos por caducar y le ayuda a venderlos a tiempo: lo que caduca primero se vende primero, sin esfuerzo extra.
Conocer másControl de proveedores
Al recibir cada pedido, Farmagestor le muestra si el proveedor entregó completo, anota los faltantes que le quedan debiendo y le dice cuándo vence cada pago.
Conocer másEstadísticas del negocio
Farmagestor le muestra cómo va su farmacia: ventas y clientes del día comparados con ayer, si va a llegar a la meta del mes y sus horas fuertes.
Conocer másPreguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan quienes están buscando un sistema para su farmacia.
¿Esto es lo que llaman compras consolidadas o pedido consolidado?
Sí, ese es el nombre con que suelen anunciarlo otros sistemas —o central de compras, o economías de escala—. Aquí la función se llama «comprar para varias farmacias» y funciona así: el asistente pone sus locales uno al lado del otro, calcula con las ventas de cada uno cuánto necesita, y sale un pedido por proveedor con el volumen del grupo entero — que es el volumen al que el proveedor le pone precio. Ese pedido se descarga en un solo archivo de Excel para mandárselo, sin unir nada a mano. Y en cada farmacia queda registrado lo que pidió y a qué costo, para saber después quién pidió qué.
Hoy compramos todo desde una farmacia y le mandamos a la otra. ¿Tenemos que cambiar eso?
No: quien compra puede seguir siendo el mismo. Lo que cambia es lo que hoy le cuesta esa forma de trabajar sin que se note —el pedido se arma con las ventas de un solo local, el inventario del que compra carga con cajas ajenas, y lo que se manda viaja sin registro— y las tres cosas se corrigen solas al crear el grupo.
¿Mi bodega tiene que ser un edificio aparte?
No. La bodega es un local dentro del sistema, no un lugar físico: puede ser el cuarto de atrás de una de sus farmacias. Lo que la hace bodega es que su inventario se cuenta aparte y que no atiende público.
¿Cada farmacia conserva su propio precio de venta?
Sí, y es a propósito. Comprar juntos y repartir desde la bodega no mezcla los negocios: cada local sigue con su inventario, su caja y sus precios, porque lo que se vende junto a una clínica no se vende igual a veinte minutos de ahí.
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¿Qué pasa si en un traslado llegan menos cajas, o llegan dañadas?
Quien recibe confirma lo que llegó y marca la diferencia con su motivo: faltó, llegó dañado o llegó caducado. Esas cajas quedan pendientes de resolver hasta que alguien diga qué pasó — no se cierran solas ni se esfuman en el conteo de fin de año.
¿Puede un dependiente pedirle producto a otro local sin ver mis costos?
Sí. Los permisos se dan por pedazos: puede habilitarle únicamente «pedir a otro local», y con eso pide sin ver costos, sin tocar la caja y sin poder aprobar lo que otros le piden. Para el equipo, todo permiso nace apagado hasta que usted lo enciende.
¿Se cobra la bodega como si fuera otro local?
No. Lo que se cobra son los usuarios activos, no los locales, así que la bodega no agrega un cobro por existir: cuentan las personas que entran al sistema, incluidas las que trabajan en ella.
¿Y si hoy tengo una sola farmacia?
No verá nada de esto: ni un botón ni un menú de más. El día que registre la segunda aparece un solo paso que crea el grupo y su bodega, sin nada que migrar ni nadie a quien volver a capacitar. Hasta ese día, Farmagestor funciona como en cualquier farmacia de un solo local.
¿Es un sistema multisucursal solo para cadenas, o sirve desde dos farmacias?
Desde dos, y sin cambiar de plan. Las funciones son las mismas con dos locales que con diez: un pedido para todas, una bodega, traslados con lote y caducidad, y el conjunto en una pantalla. Lo que cambia es cuántas columnas ve al comprar. Sirve igual para un grupo de dos farmacias que para una cadena de más de diez. Si quiere verlo con sus propios locales, por WhatsApp coordinamos una demostración de 15 minutos.
¿Su duda no está aquí?
Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.
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