Cómo pasar productos de una sucursal a otra sin que se pierda nada en el camino
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Para pasar productos de una sucursal a otra, el movimiento tiene que quedar escrito en las dos puntas: quien despacha anota qué sale, cuánto, de qué lote y con qué fecha de caducidad, y lo descuenta ese mismo día; quien recibe cuenta contra esa lista antes de acomodar nada, y anota con su motivo lo que no cuadra.
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Por qué se pierde producto entre dos locales que son suyos
Entre dos sucursales del mismo dueño se pierde producto sin que nadie se lo lleve. Pasa porque mover cajas de un local a otro no es una venta: no pasa por la caja, no deja ningún registro por sí solo y depende por completo de que alguien lo anote en las dos puntas. Cuando eso no ocurre, el local que mandó sigue contando lo que ya no tiene, y el que recibió carga a mano lo que llegó, con el lote y la fecha que alguien recuerde.
Lo más frecuente es que ni siquiera haya mala intención. El encargado del recorrido lleva diez cajas en el carro, en el destino las bajan y las acomodan porque hay clientes esperando, y la hoja con lo que salió se queda en el asiento. Semanas después los dos inventarios dicen cosas distintas y ya no hay forma de saber cuál tenía razón.
Este artículo es sobre eso: cómo hacer que un traslado deje rastro en las dos puntas, con un cuaderno o con un sistema, y qué hacer cuando lo que llegó no es lo que salió.
Lo que cuesta un traslado mal registrado, en cajas y en decisiones
Un traslado que no se registró bien cuesta tres veces. La primera es la caja que falta y nadie reclama: si salieron diez y llegaron ocho, y nadie contó al recibir, esas dos aparecen como faltante en el conteo de fin de año, cuando ya es imposible saber si se quedaron en el carro, se vendieron sin registrar o nunca salieron.
La segunda es la decisión de compra equivocada, en los dos locales a la vez. El origen cree que todavía tiene esas cajas, así que no las repone y se queda sin producto; el destino no las ve en su inventario, así que las vuelve a pedir al proveedor y termina con más de lo que vende. Un solo traslado mal anotado produce un agotado en un lado y dinero detenido en el otro.
La tercera es la fecha de caducidad que se perdió en el camino. Un lote que llega sin su fecha se registra con una aproximada o con ninguna, y desde ese día nadie vigila cuándo caduca. Es el producto que aparece caducado en el anaquel «sin que el sistema avisara»: el sistema no podía avisar de una fecha que no conocía.
Las cantidades son de ejemplo, pero el mecanismo es el mismo en cualquier farmacia con más de un local. El traslado es la salida de producto que más fácil se olvida de anotar, porque no es una venta ni una merma, y como no cuesta dinero en el momento nadie lo trata como lo que es: un movimiento de inventario tan serio como recibir un pedido.
Cómo pasar productos de una sucursal a otra: los cinco pasos
El proceso que evita casi todas las diferencias cabe en cinco pasos, y funciona igual con una hoja de papel, un Excel compartido o un sistema. Lo que lo hace fallar no es la herramienta: es saltarse el segundo o el cuarto.
Anote antes de mover
Producto, cantidad, lote y fecha de caducidad, escritos antes de que la caja salga del anaquel.
Descuente al salir
El inventario del origen baja el día que el producto sale, no cuando el destino se acuerde.
La lista viaja con la caja
Una copia de lo que salió va con el producto; la otra se queda en el origen.
Cuente al llegar
Quien recibe cuenta contra la lista antes de acomodar nada, y registra con el mismo lote y la misma fecha.
Anote la diferencia
Lo que no cuadra se escribe ese día, con su motivo y quién lo vio, y queda abierto hasta que alguien lo explique.
El paso que más se salta es el cuarto, porque contar al recibir parece desconfianza. No lo es: el conteo del que manda es lo que cree que salió, y el conteo del que recibe es lo que de verdad llegó. Sin los dos, no hay forma de saber dónde se quedó una caja.
Qué anotar en cada traslado para que el lote y la fecha no se pierdan
La lista de un traslado tiene que llevar más que el nombre y la cantidad, porque en farmacia el producto no es solo el producto: es el lote y la fecha en que caduca. Si esos dos datos no viajan con la caja, en el destino se convierte en una unidad más sin historia, y el que caduca primero deja de salir primero.
Lo mínimo que debe llevar cada línea:
El producto, tal como está registrado en los dos locales, para que no se cree uno «nuevo» en el destino con el mismo nombre escrito distinto.
La cantidad que sale, en la unidad en que se cuenta en el anaquel.
El número de lote y su fecha de caducidad. Si de un mismo producto salen dos lotes, son dos líneas.
El costo al que entró ese lote, para que el destino lo registre igual y no invente uno.
Quién despacha, quién recibe y las dos fechas: la de salida y la de llegada.
Un motivo, aunque sea corto: «se agotó en el destino», «está por caducar y allá rota más».
Qué hacer cuando llegan ocho y salieron diez
La tentación es arreglarlo rápido: ajustar el número del destino a ocho, o volver a contar el origen «por si acaso» hasta que cuadre. Las dos cosas borran la única pista que tenía. Una diferencia en un traslado no es un error de conteo hasta que se demuestre: puede ser una caja que se quedó en el carro, un producto que se dañó en el camino o uno que nunca salió porque el origen contó mal.
Por eso la diferencia se registra como lo que es —dos cajas pendientes de explicar— y se le pone motivo cuando se sabe: no llegó, llegó dañado, llegó caducado. Mientras tanto no se ajusta ningún inventario para que cuadre, porque un ajuste sin motivo dentro de tres meses no le va a decir nada a nadie.
Dos reglas ayudan a que esto no se convierta en un pleito entre locales. La primera: la diferencia se reporta el mismo día, cuando todavía se puede reconstruir el recorrido. La segunda: la resuelve alguien que no sea ni quien despachó ni quien recibió, porque los dos tienen una versión. En una farmacia pequeña ese alguien suele ser el dueño; con más locales, quien lleve la administración.
Y una diferencia que se repite no es mala suerte: es un paso que se está saltando. Si el faltante aparece siempre en el mismo recorrido, el problema está en el carro; si aparece siempre con el mismo despachador, está en cómo se cuenta al salir.
Errores que convierten un traslado en un agujero
Casi todas las diferencias grandes vienen de uno de estos hábitos, y cualquiera se corrige sin comprar nada:
Mandar sin descontar. El origen sigue mostrando producto que ya no tiene y deja de pedirlo hasta que se queda sin.
Recibir sin contar, porque «viene de nuestra propia farmacia». Es justo donde más se pierde, porque nadie va a reclamar.
Cargar el producto en el destino como si fuera nuevo, con otro nombre o sin lote. Desde ese día hay dos productos donde había uno, y el que caduca primero ya no sale primero.
Registrarlo como una venta de un local al otro. No es una venta: no cambia de dueño, cambia de anaquel, y registrarlo como venta distorsiona las ventas de los dos.
Mover producto controlado o que necesita frío a un local que no está preparado para recibirlo. El registro del responsable sanitario y la cadena de frío no se improvisan en el carro.
Usar el traslado para tapar una mala compra. Si un local compra de más todos los meses y lo va repartiendo, el problema es la compra, y el traslado solo lo cambia de anaquel.
Cómo ayuda Farmagestor con los traslados entre sucursales
Todo lo anterior se puede hacer con papel. Lo que un sistema cambia es que los cinco pasos dejen de depender de la memoria: el traslado es un movimiento propio, con origen, destino y un responsable en cada punta.
En Farmagestor un traslado se despacha desde el sistema y queda en tránsito hasta que el destino lo confirma. Al despachar, el sistema toma los lotes por fecha, primero el que caduca antes, y cada línea lleva lote, fecha y costo; mientras viaja no está en ningún inventario, así que nadie lo vende dos veces. Al confirmar, quien recibe marca las cajas que faltan y el motivo, y esa diferencia queda abierta hasta que alguien autorizado decide qué pasó.
Si el grupo tiene una bodega —a veces solo un cuarto detrás de una de las farmacias—, lo que llega del proveedor se reparte desde ahí, y cada reparto sale como un traslado ya armado. Y cuando una farmacia necesita algo que otra tiene parado, lo pide desde el sistema, el otro local aprueba y el traslado nace solo, sin llamadas.
Con una sola farmacia nada de esto aparece: el módulo de traslados existe el día que registra la segunda.
Preguntas frecuentes
Lo que más nos preguntan sobre inventario.
¿Un traslado entre mis propias farmacias es una venta?
Para su inventario, no. El producto no cambia de dueño, cambia de anaquel: sale de un local y entra al otro con el mismo lote, la misma fecha y el mismo costo, sin factura entre los dos. Los documentos que el transporte o la autoridad fiscal de su país puedan exigir son otro asunto. Verifique los requisitos aplicables con la autoridad correspondiente de su país o municipio.
¿Quién debe confirmar el traslado, el que manda o el que recibe?
El que recibe, siempre. Lo que el origen anotó es lo que cree que salió; lo que el destino cuenta es lo que de verdad llegó, y solo comparando los dos se sabe dónde quedó una caja. Si el mismo que despachó lo da por recibido, el traslado tiene un solo testigo y ninguna verificación.
¿Puedo llevar los traslados en un cuaderno o en Excel?
Sí, y con los cinco pasos de este artículo funciona. Lo que suele romperlo es que dos personas escriban en el mismo archivo sin ponerse de acuerdo, o que la fecha de caducidad se anote de memoria. Cuando los locales son tres o más, o el producto lleva lotes, el cuaderno empieza a costar más de lo que ahorra.
¿Qué hago si el producto llegó y no sé de qué lote salió?
Búsquelo en el registro del origen: el lote tiene que estar en la lista con la que salió. Si el origen no lo anotó, registre en el destino el lote más próximo a caducar de los que ese local tenía. Es la opción prudente: si se equivoca, el producto saldrá antes de tiempo, no después de caducado.
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¿Cada cuánto conviene pasar producto de una sucursal a otra?
Cuando un local tiene más de lo que va a vender antes de la caducidad y otro se está quedando sin, no como rutina. Revisar una vez a la semana qué tiene parado cada local y qué le falta al otro suele bastar. Si mueve el mismo producto todos los meses en la misma dirección, lo que hay que corregir es cuánto compra cada local.
¿Puedo pasar medicamentos controlados o refrigerados entre locales?
Solo a un local preparado para recibirlos: con el registro que su responsable sanitario lleva para los controlados, y con frío verificado para los que lo necesitan. Un traslado no exime de ninguno de los dos, y un producto de frío que viajó sin cadena de frío es una merma aunque llegue completo.
¿Su duda no está aquí?
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