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Competir y crecer

La farmacia independiente frente a las grandes cadenas: dónde sí puede ganar

Una farmacia independiente no le gana a una cadena en precio ni en publicidad, pero tiene cuatro ventajas que la cadena no puede copiar: conoce a sus clientes por su nombre, decide su surtido el mismo día, puede fiarle a quien conoce y elige a qué proveedor comprarle. Aprovecharlas exige saber qué se vende de verdad en su mostrador.

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La pelea que no hay que dar

Cuando abre una cadena a tres cuadras, el primer impulso es competir donde ellas son más fuertes: bajar precios y anunciar más. Es la pelea que no conviene dar, y por una razón de aritmética, no de ánimo: una cadena compra volúmenes que usted no compra, y ese descuento por volumen no se iguala con esfuerzo. En una guerra de precios gana quien puede aguantar más tiempo perdiendo dinero.

La buena noticia es que esa no es la única cancha. Las cadenas tienen ventajas que vienen de su tamaño, y también desventajas que vienen del mismo tamaño — y esas segundas son las que a usted le sirven. Un local que depende de un comité para cambiar el surtido no puede reaccionar a lo que pasó ayer en su barrio. Usted sí.

Este artículo trata de esas cuatro ventajas: cuáles son, por qué se desperdician con más frecuencia de la que uno cree, y qué hace falta para que dejen de desperdiciarse.

Ventaja 1: usted conoce a sus clientes, y eso no se compra

En una farmacia de barrio, quien atiende sabe quién viene cada mes por lo mismo, quién anda cuidando a un familiar y quién prefiere la marca que le funcionó. Ese conocimiento no está en ningún sistema, es de las personas — y es exactamente lo que una cadena con personal rotando cada pocos meses no logra construir.

Conviene ser franco con lo que un sistema puede y no puede hacer aquí: no le va a decir quién es cada cliente ni le va a fabricar esa relación. Eso lo hacen su equipo y usted. Lo que sí puede hacer es devolverle el tiempo que hoy se le va en contar producto, revisar fechas y armar pedidos a mano — que es el tiempo con el que se atiende bien.

Y hay una forma concreta de que ese conocimiento se convierta en surtido: anotar lo que le piden y no tiene. Una cadena resuelve eso con un promedio nacional; usted puede tener la semana que viene exactamente lo que su barrio pidió esta.

Ventaja 2: usted decide su surtido hoy, no el próximo trimestre

El surtido de un local de cadena suele decidirse lejos y para muchos locales a la vez. Eso les da poder de compra y les quita puntería: el mismo catálogo para barrios que no se parecen en nada.

Su ventaja es la puntería. Si en su zona hay una clínica, una escuela o un mercado, su surtido puede reflejarlo, y puede cambiarlo el mismo día en que lo nota. Ninguna cadena responde a esa velocidad, y no es por torpeza: es por tamaño.

Para usarla hace falta una sola cosa —saber qué se vende de verdad en su mostrador— y ahí es donde muchas independientes se quedan cortas. Sin ese dato, el surtido se decide por memoria, y la memoria se acuerda de lo que pasó ayer, no de lo que se repite todos los meses.

Vea cómo agrupar y ordenar su surtido

Ventaja 3: usted puede fiarle a quien conoce

Una cadena no fía. No puede: sus cajas no tienen forma de asumir esa decisión, y su personal no conoce a quien está del otro lado del mostrador. Usted sí puede, y en muchos barrios el fiado es la razón por la que un cliente vuelve toda la vida.

Con un cuidado, y es serio: fiar sin registro es la fuga de dinero más vieja del oficio. El fiado que vive en la memoria o en un cuaderno que nadie cuadra se convierte en dinero que no se cobra y en discusiones incómodas con gente que aprecia.

Un fiado bien llevado tiene tres cosas: el nombre del cliente, el monto y la fecha; se registra en el momento de la venta y no después; y alguien lo revisa cada semana. Con eso, la ventaja se sostiene sola.

Ventaja 4: usted elige a quién comprarle

Un local de cadena compra a los proveedores que le asignan. Usted puede pedirle a quien mejor le convenga esta semana: al que tiene existencias, al que entrega a tiempo o al que le mejora la condición.

Es una ventaja pequeña en cada pedido y grande al final del año, y se aprovecha teniendo con qué comparar. Dos o tres proveedores activos, y algún registro de cómo se ha portado cada uno, valen más que la lealtad a uno solo — que es cómoda, pero deja de ser conveniente en cuanto ese proveedor lo sabe.

Los diez criterios para elegir un proveedor

Dónde sí le gana la cadena, y qué hacer al respecto

Un artículo que solo enumere sus ventajas no le sirve de nada. Estas son las tres que la cadena tiene ganadas, con lo único razonable que puede hacerse frente a cada una.

El precio de compra
Compran más y por eso les cuesta menos. No hay forma de igualarlo, y perseguirlo es la ruina. Lo que sí está en su mano es dejar de perder por el otro lado: comprar de más, que se le venza mercadería o quedarse sin lo que rota son fugas que sí controla usted, y suman más de lo que se imagina.
La publicidad
No compita en escala; compita en cercanía. Un cliente atendido por su nombre y una recomendación bien hecha valen más en su cuadra que un anuncio nacional — y no cuestan lo mismo.
El horario y el número de locales
No abra más horas por competir: ese camino se paga con personal y con desgaste. Lo que rinde más es asegurarse de que en las horas en que sí está abierto no le falte lo que la gente viene a buscar.

La ventaja que se pierde más seguido: no tener lo que sí se vende

De todas las formas de perder contra una cadena, esta es la más silenciosa y la más común. El cliente pide algo, no lo hay, y va a buscarlo donde sí lo tienen. Si eso pasa dos o tres veces, ya no vuelve — y usted nunca se entera, porque una venta que no ocurrió no aparece en ningún informe.

Es la más dolorosa porque todas sus ventajas dependen de esta. De nada sirve conocer al cliente, poder fiarle y decidir rápido si cuando llega no está el producto. Ahí la cadena gana sin haber hecho nada.

Y es, a la vez, la más fácil de corregir: basta saber a qué velocidad se vende cada producto y pedir con esa cuenta en la mano, en vez de con la memoria.

El costo invisible de quedarse sin producto

Cómo ayuda Farmagestor a una farmacia independiente

Farmagestor fue creado junto a médicos y farmacéuticos de farmacias independientes, y por eso está construido alrededor de las ventajas de este artículo en vez de alrededor de las de una cadena.

Sobre el surtido: le dice qué comprar y cuánto según lo que cada producto se vende de verdad en su farmacia — su barrio, no un promedio. Sobre el mostrador: quien atiende puede buscar por nombre, por principio activo o por el síntoma que describe el cliente, y encontrar un sustituto antes de que se vaya a otra farmacia. Sobre el fiado: se fía desde la misma pantalla de cobro y queda a nombre del cliente, con su cuenta al día. Y sobre lo que deja cada venta: puede ver la ganancia por producto y por laboratorio, para saber qué le conviene empujar.

Lo que no hace, y conviene decirlo: no le va a construir la relación con sus clientes. Esa es suya, y es justo la que ninguna cadena puede comprar.

Vea cómo Farmagestor calcula sus compras

Preguntas

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan sobre competir y crecer.

¿Cómo compite una farmacia independiente con una cadena?

No por precio: una cadena compra volúmenes que usted no compra y ese descuento no se iguala. Se compite donde el tamaño de ellas juega en contra — conocer a los clientes por su nombre, ajustar el surtido a su barrio el mismo día, poder fiarle a quien conoce y elegir a qué proveedor comprarle. Las cuatro son ventajas estructurales que una cadena no puede copiar.

¿Debo bajar mis precios cuando abre una cadena cerca?

Es el primer impulso y casi siempre el error. En una guerra de precios gana quien puede aguantar más tiempo perdiendo dinero, y esa no va a ser la farmacia pequeña. Rinde mucho más cerrar sus propias fugas —comprar de más, mercadería que se vence, quedarse sin lo que rota— y competir en cercanía y en tener lo que su clientela busca.

¿Qué es lo que más clientes le hace perder a una farmacia independiente?

No tener el producto cuando lo piden. El cliente lo busca donde sí lo hay y, si pasa dos o tres veces, deja de volver — sin que usted se entere, porque una venta que no ocurrió no aparece en ningún informe. Es además la fuga de la que dependen todas las demás ventajas: conocer al cliente no sirve si cuando llega no está lo que viene a buscar.

¿Vale la pena fiar?

En muchos barrios es la razón por la que un cliente vuelve toda la vida, y es algo que una cadena no puede ofrecer. Lo que no se puede es fiar de memoria: nombre, monto y fecha, registrados en el momento de la venta y revisados cada semana. El fiado sin registro es la fuga de dinero más antigua del oficio y termina en discusiones con gente que uno aprecia.

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¿Un sistema me ayuda a conocer mejor a mis clientes?

Con honestidad: la relación con sus clientes la construyen usted y su equipo, no un programa. Lo que un sistema hace es devolverle el tiempo que hoy se le va contando producto, revisando fechas y armando pedidos a mano — que es el tiempo con el que se atiende bien— y asegurarse de que cuando ese cliente llegue, el producto esté.

¿Cómo sé qué productos debo tener para mi zona?

Con dos fuentes que ya tiene. La primera es lo que de verdad se vende en su mostrador, producto por producto y a qué velocidad. La segunda, la más desaprovechada, es la lista de lo que le pidieron y no tenía: es su clientela dictándole el surtido. Una cadena decide eso con un promedio nacional; usted puede hacerlo con lo que pasó en su cuadra la semana pasada.

¿Su duda no está aquí?

Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.

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