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Farmagestor
Productos agotados

El costo invisible de quedarse sin producto en su farmacia

Quedarse sin producto cuesta más que la venta de ese día: el cliente termina su compra en otra farmacia y puede acostumbrarse a ella. Para evitar quedarse sin productos no hace falta comprar más de todo, sino reponer según la velocidad real de venta de cada uno, pedir antes de llegar a cero y tener sustitutos a mano.

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La única pérdida que ningún reporte le enseña

De todas las formas en que una farmacia pierde dinero, el agotado es la única que no deja evidencia. El producto vencido está ahí, se puede contar y le duele al verlo. La venta que no se hizo porque faltaba el producto no existe en ningún papel: el cliente preguntó, alguien dijo que no había, y no quedó nada escrito.

Por eso casi todos los dueños subestiman cuánto pierden por agotados. No es que no les importe — es que nadie puede sumar lo que nunca se anotó.

Este artículo va de ponerle número a esa pérdida, de entender por qué se agotan justo los productos que mejor se venden, y de cómo reponerlos a tiempo sin caer en el error contrario: llenarse de mercadería que después se vence.

Quedarse sin producto no siempre es estar en cero

Un agotado es cualquier venta que se pierde porque el producto no estaba disponible para ese cliente en ese momento. Y eso pasa de más formas de las que uno vigila:

  • Existencia en cero: la forma obvia, y la única que la mayoría revisa.
  • Cantidad insuficiente: el cliente lleva tratamientos completos, no unidades sueltas. Si necesita tres cajas y queda una, esa venta se fue igual — aunque el sistema diga que «hay».
  • Está, pero nadie lo encuentra: el producto existe en algún estante, el dependiente nuevo no sabe dónde, el cliente se cansa de esperar. Para efectos del negocio, es un agotado.
  • Había sustituto y no se ofreció: faltaba esa presentación, había otra con el mismo principio activo, y la respuesta fue «no tenemos» en vez de una alternativa.

Lo que de verdad cuesta un agotado

El costo de un agotado casi nunca es el precio del producto que faltó. Es una escalera, y cada peldaño cuesta más que el anterior.

El primer peldaño es la venta de ese producto. El segundo es el resto de la compra: quien iba por su medicamento y de paso llevaba otras cosas, se lleva todo al lugar donde sí encontró lo principal. El tercero es la costumbre: si le falla dos o tres veces, esa persona prueba otra farmacia — y si ahí la atienden bien, no hay motivo para volver. Y el cuarto es el más caro y el menos visible: cada cliente fijo recomienda, y el que se va deja de traerle gente.

Un ejemplo para dimensionarlo, con números inventados a propósito de sencillos: si tres clientes al día se van sin comprar por un faltante, y cada compra promedio equivale al precio de un tratamiento común, al mes son cerca de noventa ventas que no aparecen en ninguna parte. Compare esa cifra imaginaria con lo que le dolió la última caja de producto vencido que botó — la diferencia es que aquella la vio, y estas noventa no.

Por qué se agotan justo los productos que mejor se venden

Los agotados no se reparten parejo: se concentran en los productos de mayor rotación, y no es mala suerte — es matemática. Lo que sale rápido llega a cero rápido, y si el momento de reponer se decide de memoria, la memoria siempre llega tarde en los productos que más se mueven.

Hay tres causas que se repiten en casi todas las farmacias.

La primera es reponer cuando ya se llegó a cero. Entre que se nota el faltante, se arma el pedido y el proveedor entrega, pasan días — y todos esos días son de ventas perdidas. El momento correcto de pedir no es cuando se acaba: es cuando lo que queda alcanza justo para cubrir lo que se venderá mientras llega el pedido.

La segunda son los productos de demanda irregular. Un producto que pasa dos semanas sin moverse y de pronto sale en tandas engaña a cualquiera: parece sobrado hasta el día que tres clientes lo piden en la misma semana. Con estos, el promedio mensual miente, y decidir por promedio deja corto justo cuando importa.

La tercera es el pedido que llegó incompleto. Se pidieron diez, el proveedor mandó seis, nadie anotó los cuatro que faltaron — y ese hueco se descubre en el mostrador, con el cliente enfrente.

Cómo medir esta semana cuántas ventas está perdiendo

No necesita ningún sistema para tomarle la medida al problema: necesita una semana y un cuaderno en el mostrador.

La regla es una sola: cada vez que un cliente pida algo que no se le pudo vender —por cero existencias, por cantidad insuficiente o porque no apareció—, quien atiende anota el producto y la cantidad pedida. Sin juzgar ni justificar: solo anotar.

Al cierre de la semana, tres lecturas. Cuántas ventas se fueron, que casi siempre sorprende. Qué productos se repiten, porque los agotados se concentran y la lista suele ser corta. Y cuántos de esos productos usted juraba que nunca faltaban — esa última es la que más enseña.

Ese cuaderno de una semana vale más que cualquier intuición, y es la lista exacta de por dónde empezar a corregir.

Cómo evitar quedarse sin productos sin llenarse de vencimientos

Aquí está la trampa en la que cae la mitad de las farmacias: del susto de los agotados se pasa a comprar de más «por si acaso», y el dinero que antes se perdía en ventas se pierde ahora en mercadería que se vence. El agotado y el vencido son las dos caras del mismo error — comprar sin mirar la velocidad real de venta.

La salida no es comprar más: es comprar según cómo se vende cada producto. Cuatro costumbres lo resuelven en la práctica:

  • Tenga identificada la lista corta de productos que no pueden faltar: los de mayor rotación, que suelen concentrar buena parte de la venta. A esa lista se le repone con prioridad y sin esperar a que toque fondo.
  • Pida antes de llegar a cero, contando lo que tarda cada proveedor: si un producto vende cinco por semana y el proveedor tarda una semana en entregar, el momento de pedir es cuando quedan unas cinco unidades, no cuando queda una.
  • A los productos de demanda irregular deles margen extra, sabiendo que rotarán más lento — y vigile sus fechas de vencimiento con más atención que al resto.
  • Al recibir cada pedido, compare contra lo que pidió y anote los faltantes del proveedor en el momento. Un faltante anotado se reclama o se repone; uno sin anotar se descubre en el mostrador.

Cuando el faltante ya ocurrió: salvar la venta en el mostrador

Por buena que sea la compra, algún faltante va a ocurrir. La diferencia entre perder la venta y salvarla se decide en la respuesta de quien atiende.

«No tenemos» cierra la conversación. «No tengo esa presentación, pero tengo esta otra con el mismo principio activo, si a usted le parece» la mantiene abierta — y muchas veces la cierra en venta. La decisión de aceptar el cambio es del cliente, y la orientación profesional, cuando hace falta, es del farmacéutico; pero para ofrecer una alternativa primero hay que poder verla en el momento, sin ponerse a buscar de memoria cuál otro producto lleva lo mismo.

Vale también para las cantidades: si el cliente necesita tres y quedan dos, ofrecer las dos y apartar la tercera para mañana retiene una venta que de otro modo se iba entera.

Cómo ayuda Farmagestor con los agotados

Todo lo anterior se puede hacer a mano. Lo que no se puede es hacerlo a mano todos los días con miles de productos — y ahí es donde un sistema deja de ser un lujo.

Farmagestor marca cada producto según sus existencias y su velocidad real de venta: sano, bajo o excesivo. Los que están por quedarse cortos se ven de un vistazo, sin revisar el catálogo entero, y un aviso de pedidos de relleno le dice cuántos productos están pidiendo reposición.

Cuando toca pedir, le sugiere cuánto comprar de cada producto según cómo se vende — el que sale parejo, el de temporada y el de demanda irregular se calculan distinto — y toma en cuenta cuánto tarda en entregar cada proveedor. Si el pedido llega incompleto, los faltantes quedan anotados como saldo a favor, no en la memoria de nadie.

Y en el mostrador, si el producto falta, el dependiente ve en la misma pantalla los sustitutos con el mismo principio activo que sí hay en existencia, con su precio y su ubicación. Si el cliente no sabe el nombre de lo que busca, puede buscarse por síntoma.

Lo que ningún sistema hace —y desconfíe de quien se lo prometa— es eliminar los agotados por completo: un pico de demanda imprevisto o un proveedor sin existencias lo dejan corto igual. Lo que sí cambia es que no vuelve a quedarse sin producto por descuido, que es como ocurre la mayoría.

Ver cómo Farmagestor calcula la reposición

Preguntas

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan sobre productos agotados.

¿Cómo sé cuántas ventas pierde mi farmacia por productos agotados?

Midiéndolo una semana: un cuaderno en el mostrador donde quien atiende anote cada producto que un cliente pidió y no se le pudo vender, con la cantidad. Al cierre de la semana tendrá tres cosas: el tamaño real de la pérdida, la lista de productos que más se repiten y las sorpresas — los productos que usted juraba que nunca faltaban.

¿Cuánto cuesta quedarse sin un producto?

Más que la venta de ese producto. El cliente que no encontró lo principal suele llevarse el resto de su compra a donde sí lo encontró; si le falla varias veces, cambia de farmacia; y un cliente fijo que se va deja también de recomendarlo. Por eso el agotado repetido en un producto de alta rotación es de las pérdidas más caras de una farmacia, aunque no aparezca en ningún reporte.

¿Cómo evito los agotados sin terminar comprando de más?

Comprando según la velocidad real de venta de cada producto, no «por si acaso». El agotado y el vencido son las dos caras del mismo error: al de rotación alta se le repone antes de llegar a cero contando lo que tarda el proveedor, y al de demanda irregular se le da un margen medido, vigilando su fecha de vencimiento. Comprar más de todo solo cambia una pérdida por la otra.

¿Cuándo debo volver a pedir un producto?

Antes de llegar a cero: cuando lo que queda alcanza justo para cubrir lo que se venderá mientras el pedido llega. La cuenta necesita dos datos — a qué velocidad se vende ese producto y cuánto tarda ese proveedor en entregar. Si vende cinco por semana y el proveedor tarda una semana, el momento de pedir es cuando quedan unas cinco unidades.

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¿Qué hago cuando el cliente pide algo que no tengo?

Ofrecer una alternativa en vez de cerrar con un «no tenemos»: otra presentación o un producto con el mismo principio activo que sí tenga, dejando la decisión al cliente y la orientación profesional al farmacéutico. Y si la cantidad no alcanza, ofrecer lo que hay y apartar el resto. Las dos respuestas retienen ventas que el «no hay» deja ir.

¿Qué hago si el proveedor me entrega los pedidos incompletos?

Anotar el faltante en el momento de recibir, comparando lo entregado contra lo pedido, y reclamarlo o reponerlo con otro proveedor. Un faltante anotado es un pendiente que se resuelve; uno sin anotar es un agotado que se descubre en el mostrador. Si un proveedor queda mal seguido, ese historial también le sirve para decidir a quién comprarle.

¿Su duda no está aquí?

Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.

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