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Productos agotados

Cuando falta lo que le piden: cómo encontrar alternativas sin perder al cliente

Cuando falta el producto que un cliente pide, la venta se juega en el tiempo que tarde en saber qué alternativas tiene disponibles. Lo que hace falta es poder ver al instante qué otros productos comparten el mismo principio activo y cuáles hay en existencia. Cuál corresponde en cada caso lo decide el farmacéutico, no el sistema ni la prisa.

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El momento exacto en que se pierde la venta

Un cliente pide un producto y no está. Lo que pasa en los treinta segundos siguientes decide si esa persona sale con algo en la mano o sale a buscar a otra farmacia.

En la mayoría de los mostradores, esos treinta segundos se van en lo mismo: quien atiende no está seguro de qué otra cosa hay para ese caso, no quiere equivocarse, y termina diciendo «no tenemos». Es la respuesta más segura para él y la más cara para la farmacia — y muchas veces es falsa: sí había algo, pero nadie podía confirmarlo a tiempo.

El problema, entonces, casi nunca es de surtido. Es de información: qué alternativas existen, cuáles hay en existencia ahora mismo y quién está en condiciones de decidir si alguna corresponde.

Lo que cuesta de verdad quedarse sin producto

Quién decide qué: la distinción que ordena todo lo demás

Antes de cualquier consejo práctico hay que dejar clara una separación, porque de ella depende que todo lo demás sea correcto.

Encontrar qué productos comparten el mismo principio activo es una tarea de información: cualquiera puede hacerla con la herramienta adecuada, y es rapidísima. Decidir si alguno de ellos corresponde para la persona que está enfrente es una decisión profesional, y le toca al farmacéutico — no al dependiente, no al dueño, y desde luego no a un programa.

Esa separación no es burocracia: es lo que protege al cliente y a la farmacia. Un cambio de concentración, de forma farmacéutica o de composición puede no ser apropiado para un caso concreto, y quien tiene la formación para saberlo es el profesional. Todo lo que sigue sirve para que esa decisión llegue rápido y con la información completa, nunca para saltársela.

Las tres formas de buscar cuando no aparece lo que piden

Quien atiende necesita poder buscar de tres maneras distintas, porque los clientes preguntan de tres maneras distintas.

Vea cómo funciona la búsqueda en el mostrador

Por el nombre que trae escrito
Es el caso fácil y el más frecuente: la persona trae el nombre exacto. Si ese producto no está, lo que hace falta es ver de inmediato qué otros comparten su principio activo y cuáles hay disponibles, para ponerlos a consideración del farmacéutico.
Por el principio activo
Cuando la receta indica el componente y no una marca, la búsqueda por nombre comercial no sirve de nada. Poder buscar directamente por principio activo evita el rodeo — y evita el «no tenemos» dicho sobre un estante que sí tenía.
Por lo que la persona describe
«Ando buscando algo para…» es de las preguntas más comunes del mostrador y la que más ventas pierde con personal nuevo. Poder buscar por lo que el cliente describe le da a quien atiende un punto de partida — que después pasa por el criterio del farmacéutico, como siempre.

Qué mirar antes de ofrecer la alternativa

Suponiendo que el farmacéutico ya validó que la alternativa es apropiada, quedan dos comprobaciones rápidas que evitan problemas.

La primera es obvia y se salta más de lo que uno cree: que de verdad haya existencias, y que el número del sistema coincida con el estante. Ofrecer algo que tampoco está convierte un mal momento en dos.

La segunda es la fecha del lote. Si la alternativa que va a entregar está próxima a vencerse, es justamente el producto que conviene mover — pero el cliente tiene que llevarse algo que le sirva por el tiempo que lo va a necesitar. Ofrecer lo que urge rotar es buena gestión solo cuando además le sirve a quien se lo lleva.

Lo que hay que preparar antes, no en el momento

El mostrador no es el lugar para resolver por primera vez un problema que se repite. Tres cosas se preparan con calma y ahorran los treinta segundos críticos.

La primera: para sus productos más importantes —los que no puede permitirse tener agotados— tenga decidido de antemano, con su farmacéutico, qué alternativas se consideran apropiadas. No es una lista de equivalencias automáticas: es haber tenido la conversación antes de que llegue el cliente.

La segunda: que todo el equipo sepa buscar de las tres formas. Es capacitación de cinco minutos y es lo que separa un «no tenemos» de un «déjeme ver qué tenemos».

Y la tercera: anotar lo que se pidió y no había, incluso cuando la venta se salvó con una alternativa. Esa lista es la que le dice qué debería estar surtiendo — y es información que solo existe si alguien la escribe.

Cuáles son los productos que no pueden faltarle

Cómo lo resuelve Farmagestor

En el mostrador, quien atiende puede buscar por el nombre comercial, por el principio activo o por lo que el cliente describe. Y sobre cualquier producto puede abrir sus alternativas: los demás productos que comparten su principio activo, con las existencias de cada uno a la vista, para saber en el momento qué hay de verdad disponible.

También puede consultar la información del medicamento —para qué se usa, precauciones, pautas de dosis— sin salir de la pantalla de cobro. Es información orientativa que ayuda a quien atiende a entender qué tiene delante; la decisión sigue siendo del criterio profesional, siempre.

Y como cada venta descuenta del lote que vence primero, la alternativa que sale es la que más conviene mover — sin que nadie tenga que revisarlo.

Lo que Farmagestor no hace, y es a propósito: no le dice qué sustituto corresponde. Le muestra qué existe y qué hay; quién decide es su farmacéutico.

Vea los sustitutos por principio activo

Preguntas

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan sobre productos agotados.

¿Qué hago cuando un cliente pide algo que no tengo?

Antes de decir que no, verifique qué alternativas hay: otros productos con el mismo principio activo que sí tenga en existencia. Encontrarlos es una tarea de información y toma segundos con la herramienta adecuada. Si alguna corresponde para ese caso concreto lo decide el farmacéutico — esa parte no se resuelve con prisa ni con un buscador.

¿Puede un dependiente ofrecer un sustituto por su cuenta?

Buscar qué alternativas existen, sí: es información. Decidir si una es apropiada para la persona que está enfrente, no — esa es una decisión profesional del farmacéutico responsable. La forma práctica de trabajar es que el dependiente sepa encontrar rápido las opciones disponibles y que el criterio lo ponga quien tiene la formación para hacerlo.

¿Cómo encuentro productos con el mismo principio activo?

Necesita poder buscar por principio activo y no solo por nombre comercial, y ver de una vez cuáles de esos productos tiene en existencia. Sin eso, la búsqueda depende de la memoria de quien atiende — que funciona con el personal antiguo y falla justo con el nuevo, que es quien más lo necesita.

¿Conviene ofrecer primero los productos que están por vencerse?

Cuando además le sirven al cliente, sí: es la forma de que un producto en riesgo se convierta en venta en vez de en pérdida. La condición no es negociable — la persona tiene que llevarse algo que le sirva por el tiempo que lo va a necesitar. Mover lo que urge rotar es buena gestión solo mientras eso se cumpla.

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¿Cómo preparo a mi equipo para no perder estas ventas?

Con tres cosas, y ninguna se improvisa en el mostrador: que todos sepan buscar por nombre, por principio activo y por lo que el cliente describe; que para sus productos más importantes ya se haya conversado con el farmacéutico qué alternativas se consideran apropiadas; y que se anote lo que pidieron y no había, incluso cuando la venta se salvó — esa lista es la que corrige el surtido.

¿Su duda no está aquí?

Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.

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