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Compras y pedidos

Cómo elegir sustitutos al momento de comprar sin llenarse de dinero detenido

Para elegir un sustituto al comprar no basta con encontrar otro producto del mismo principio activo: hay que calcular la transferencia de demanda — qué parte de las ventas del original pasará de verdad al sustituto. Compare rotación y ganancia mensual, no solo el precio, y revise el mínimo de compra antes de cerrar el pedido.

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Cuándo aparece esta decisión, y por qué casi siempre lo agarra con prisa

La decisión de sustituir al comprar no llega cuando usted la planea: llega mientras arma el pedido y descubre que algo no va a entrar. Son cinco situaciones, y conviene reconocerlas porque cada una deja un rastro distinto en su inventario.

Las tres primeras son de disponibilidad: el producto está agotado en todos sus proveedores, el laboratorio lo descontinuó, o se lo ofrecen con un vencimiento tan corto que no le daría tiempo de venderlo. Las otras dos son de dinero: el costo subió tanto que dejó de ser rentable al precio que usted vende, o simplemente el presupuesto de este pedido no alcanza para todo.

En las cinco, si usted no trae un sustituto, se queda sin nada que ofrecer en ese renglón. Y ahí está la prisa: la decisión se toma en dos minutos, entre llamadas, con la lista a medio armar. Por eso vale la pena tener resueltos de antemano los tres errores que siguen.

  • Agotado en todos sus proveedores.
  • Descontinuado o retirado del mercado.
  • Se lo ofrecen con un vencimiento demasiado corto.
  • El costo subió y ya no deja margen.
  • El presupuesto del pedido no alcanza para todo.

El primer error: pedir del sustituto la misma cantidad que pedía del original

Es el error más caro y el más silencioso, porque parece lo lógico: si vendía diez cajas al mes del original, pido diez del sustituto. Detrás de ese error hay un fenómeno que tiene nombre — la transferencia de demanda — y entenderlo es lo que separa una sustitución bien calculada de una apuesta.

Cuando un producto falta, su demanda no desaparece — pero tampoco se muda entera al sustituto. Se parte en tres: una parte acepta el cambio y se queda con usted; otra prefiere esperar a que vuelva el original o consultar antes de cambiar; y otra sale por la puerta a buscarlo en otra farmacia. Solo la primera es del sustituto. Cuánto vale cada parte cambia con cada producto: no es lo mismo sustituir un analgésico común que un producto que el cliente lleva años comprando por su nombre.

La buena noticia es que la señal de cuánto se transfiere ya está en sus propias ventas. Si el sustituto que está considerando ya rota más que el original, sus clientes lo aceptan con facilidad, y puede contar con que absorba la mayor parte de esa demanda. Si rota bastante menos, es señal de que cuesta aceptarlo: cuente con una fracción pequeña. Y si los dos se venden parecido, lo prudente es asumir la mitad y ajustar con lo que pase el primer mes.

Y hay un segundo detalle que casi todos pasan por alto: el sustituto ya tiene ventas propias. La cantidad correcta no es «lo que vendía el original», sino la demanda propia del sustituto más la parte transferida. Contar solo una de las dos es quedarse corto o pasarse.

La consecuencia práctica va contra el instinto: al sustituir, casi siempre se pide menos que lo que pedía del original — pero más que lo que pedía del sustituto. Pasarse convierte un problema de abasto en dinero detenido en el estante. Y quedarse demasiado corto repite el agotado, ahora en el producto que trajo justamente para no perder esas ventas.

El segundo error: elegir por el precio unitario en vez de por lo que deja al mes

El precio es el dato que salta primero, y por eso decide más de lo que debería. Un sustituto más barato protege su liquidez hoy, y uno con mejor margen se ve mejor en la calculadora. Pero ninguno de los dos números, por sí solo, dice si el cambio le conviene.

Lo que decide es la ganancia mensual: cuánto deja cada unidad multiplicado por cuántas unidades se venden en el mes. Un producto con margen excelente que rota la mitad de rápido deja menos dinero que uno de margen modesto que se vende todos los días. Por eso, entre dos sustitutos, gana el que se mueve — aunque el otro luzca mejor por unidad.

Hay un caso en que el precio sí manda solo: cuando el sustituto es mucho más caro que el original. Ahí el problema no es el margen sino la inversión inicial, porque ese pedido le va a consumir un pedazo del presupuesto que necesitaba para el resto de la lista.

El tercer error: aceptar el sustituto sin mirar el mínimo de compra

Este es el que más dinero detiene, y casi nadie lo mira en el momento. Muchos proveedores exigen una cantidad mínima por producto, y ese mínimo se fijó pensando en el producto que ellos más venden, no en el que usted necesita hoy.

La cuenta que hay que hacer cabe en una línea: divida el mínimo que le exigen entre las unidades que espera vender por semana. Si el resultado pasa del mes, ese sustituto le va a dejar mercadería parada aunque sea buenísimo en todo lo demás — mejor precio, mejor margen, mejor todo.

Un sustituto puede ganar en precio, en margen y en rotación, y aun así ser mala compra por esta sola razón. Es la razón por la que conviene mirarla al final, cuando ya decidió cuál quiere: si el mínimo no cuadra con lo que va a vender, la decisión se cae por completo y toca volver a la lista.

Lo que no decide usted ni decide ningún sistema

Hasta aquí todo ha sido inventario y dinero, que es donde usted decide. Hay una parte que no lo es.

Cuando el sustituto cambia la concentración o cambia la forma farmacéutica, deja de ser una decisión de compra: es una decisión profesional, y le corresponde al farmacéutico de su farmacia. Lo mismo cuando el sustituto comparte principio activo pero no es intercambiable para el caso concreto de un paciente.

Lo que sí es responsabilidad suya al comprar es que esas diferencias estén a la vista antes de cerrar el pedido, y no aparezcan cuando la mercadería ya está en el estante. Un sustituto que llega y luego resulta que no era apropiado es dinero comprometido en algo que nadie va a poder ofrecer con tranquilidad.

Cuántas marcas del mismo principio activo conviene tener

Los sustitutos se acumulan sin que nadie lo decida. Un mes faltó la marca habitual y trajo otra; al siguiente le ofrecieron una tercera en promoción; y al año tiene tres o cuatro presentaciones del mismo principio activo compartiendo el mismo estante y los mismos clientes.

El problema no es tener alternativas: es tenerlas sin haberlo decidido. Cada marca extra reparte la misma demanda entre más productos, así que todas rotan más lento, todas se acercan más a su fecha de vencimiento y el dinero que podría estar en otro renglón está repartido en variantes de lo mismo.

La regla práctica: dos presentaciones del mismo principio activo suelen bastar —una de referencia y una alternativa—, y una tercera solo se justifica si de verdad se vende. La palabra importante es «se vende», no «se pidió alguna vez».

Una tarde

Cómo revisarlo esta semana, sin comprar ningún sistema

Esta revisión toma una tarde y no necesita más que su lista de productos y lo que sepa de sus ventas del último trimestre.

Lo que va a encontrar casi siempre es el mismo patrón: una o dos marcas que se venden, y una tercera que entró como sustituto de emergencia hace meses, nunca se fue y hoy solo ocupa dinero. Esa es la que hay que dejar de pedir y terminar de vender.

  1. Agrupe

    Junte sus productos por principio activo y quédese con los que tienen tres o más marcas.

  2. Marque

    De cada grupo, señale cuáles no se han vendido en el último trimestre.

  3. Decida

    Lo que no rota deja de pedirse: se vende lo que queda y no se repone.

  4. Anote

    Escriba cuál es su alternativa para cada principio activo, antes de necesitarla con prisa.

Cómo lo resuelve Farmagestor

Dentro del asistente de pedidos, cuando usted saca un producto de la lista de compras, el sistema le pide el motivo. Y según cuál sea, le pide también el sustituto: si el producto está agotado en el mercado, si lo descontinuaron, si el vencimiento es muy corto o si el costo dejó de ser rentable, ese renglón queda pendiente hasta que usted diga con qué lo cubre. Es lo que evita que un producto salga de la lista y nadie vuelva a acordarse.

Al elegir el sustituto, Farmagestor hace el cálculo de la transferencia de demanda por usted: parte de las ventas propias del sustituto, mide qué tan aceptado está ya en su farmacia comparando su rotación con la del original, y con eso estima qué fracción de la demanda del original se le va a transferir. La cantidad sugerida sale de sumar las dos — no de copiar la del producto que faltó. Y pone los dos lado a lado con lo que cambia entre uno y otro, incluida la advertencia cuando cambia la concentración o la forma farmacéutica, para que esa parte llegue al farmacéutico antes de comprar, no después.

El sistema estima y advierte. La compra la decide usted, y lo clínico lo decide su farmacéutico.

Vea la comparativa de sustitutos

Preguntas

Preguntas frecuentes

Lo que más nos preguntan sobre compras y pedidos.

¿Qué es la transferencia de demanda?

Es lo que pasa con las ventas de un producto cuando falta: no desaparecen ni se mudan enteras al sustituto, sino que se reparten — una parte acepta el cambio, otra espera a que vuelva el original y otra se va a buscarlo a otra farmacia. Al comprar un sustituto, la cantidad correcta depende de qué fracción se transfiere de verdad, y la mejor pista son sus propias ventas: mientras mejor rote ya el sustituto comparado con el original, más demanda absorbe.

¿Cuánto debo pedir de un sustituto la primera vez?

Sume dos cosas: lo que el sustituto ya vende por su cuenta, más la parte de la demanda del original que se le va a transferir. Esa parte se estima con sus propias ventas: si el sustituto ya rota más que el original, cuente con la mayor parte; si rota bastante menos, con una fracción; y si van parejos, asuma la mitad y ajuste con lo que pase el primer mes. Casi siempre da menos que lo que pedía del original — pero más que lo que pedía del sustituto.

¿Conviene el sustituto más barato?

No siempre. Lo barato protege su liquidez, pero lo que decide es cuánto dinero le deja al mes: la ganancia por unidad multiplicada por las unidades que se venden. Un producto de margen modesto que rota rápido deja más que uno de margen alto que se mueve poco. Y si el sustituto es mucho más caro que el original, el problema deja de ser el margen y pasa a ser cuánto presupuesto de este pedido le consume.

¿Qué pasa si el proveedor me exige un mínimo de compra alto?

Haga la división antes de aceptar: el mínimo que le exigen entre las unidades que espera vender por semana. Si le da más de un mes, ese sustituto le va a dejar mercadería parada por bueno que sea en todo lo demás. Es la razón más frecuente por la que una buena alternativa termina siendo una mala compra.

Ver 3 preguntas más
¿Cuántas marcas del mismo principio activo debería manejar?

Por lo general dos: una de referencia y una alternativa. Una tercera solo se justifica si se vende de verdad, no si entró alguna vez como emergencia. Cada marca de más reparte la misma demanda entre más productos, así que todas rotan más lento y todas se acercan más a su vencimiento.

¿Un sustituto con el mismo principio activo siempre sirve?

Para su inventario, sí es comparable. Para el paciente, esa decisión no es de compras: si cambia la concentración o la forma farmacéutica, o si el caso concreto pide otra cosa, lo decide el farmacéutico. Lo que sí le toca a usted al comprar es que esas diferencias estén a la vista antes de cerrar el pedido y no aparezcan cuando la mercadería ya llegó.

¿Qué hago con el sustituto que traje una vez y no se vendió?

Dejar de pedirlo y terminar de vender lo que queda. Es el caso más común al revisar: una marca que entró como emergencia hace meses, nunca salió del estante y hoy solo ocupa dinero. Si tiene fecha de vencimiento cercana, conviene moverlo primero antes de que la decisión la tome el calendario.

¿Su duda no está aquí?

Escríbanos y le responde una persona del equipo de Farmagestor, que conoce la operación de una farmacia por dentro.

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